El regreso del diésel al gran monovolumen de Opel no es una anécdota, es una declaración de intenciones. El nuevo Opel Zafira incorpora un bloque 2.2 turbodiésel de 132 kW (180 CV) y 400 Nm que redefine su papel dentro de la gama y, sobre todo, dentro del mercado real de transporte de pasajeros. En un momento en el que la electrificación avanza con paso firme —y donde el Opel Zafira Electric ya representa la alternativa 100% eléctrica—, Opel decide reforzar su oferta con un propulsor térmico de nueva generación adaptado a la normativa Euro 6e, más eficiente y con menores emisiones que los diésel precedentes. La marca habla de hasta un 13% de mejora en consumo y CO2 respecto a generaciones anteriores una cifra que en este segmento marca diferencias muy tangibles en coste por kilómetro.
El nuevo 2.2 turbodiésel encaja exactamente en ese escenario. Con 180 CV y, sobre todo, 400 Nm de par máximo, entrega lo que este tipo de vehículo necesita: empuje sostenido desde bajo régimen, capacidad de recuperación con el coche cargado y eficiencia en autopista. Opel declara una aceleración de 0 a 100 km/h en 10,6 segundos y una velocidad punta de 185 km/h, cifras que, más allá del dato absoluto, hablan de solvencia dinámica para un vehículo que puede configurarse hasta con nueve plazas. La transmisión automática de ocho relaciones acompaña al conjunto con una gestión pensada para priorizar suavidad y eficiencia, algo fundamental en trayectos largos y en uso profesional.
En ciclo WLTP homologa 7,1 l/100 km y 186 g/km de CO2.
Son cifras que lo sitúan dentro de lo esperable en el segmento de los grandes monovolúmenes diésel, pero con la ventaja de la última evolución mecánica del grupo, que optimiza la inyección directa y el sistema de recirculación de gases de escape. El resultado no es solo un mejor dato en ficha técnica, sino una reducción real del coste operativo frente a alternativas gasolina y, en determinados usos, frente a eléctricos cuando la infraestructura de carga o los perfiles de kilometraje no encajan con la movilidad a batería.
Porque ahí está la clave estratégica. Opel no abandona la electrificación; la complementa. El cliente puede optar por el Zafira Electric, con consumos declarados entre 24,7 y 25,1 kWh/100 km y cero emisiones locales , o por este nuevo diésel pensado para quien recorre cientos de kilómetros diarios, para servicios de transfer, shuttle hotelero, transporte VIP o grandes familias que viajan con frecuencia. Libertad de elección real en función del uso, no del discurso.
El 2.2 diésel está disponible tanto en la carrocería de 4,98 metros como en la versión XL de 5,33 metros, que puede alcanzar hasta 4.900 litros de capacidad de carga. La modularidad interior sigue siendo uno de sus grandes argumentos: configuración opcional de hasta nueve plazas, posibilidad de cuatro asientos independientes enfrentados en la zona trasera para crear un auténtico salón rodante, puertas correderas eléctricas con apertura manos libres y una altura contenida de 1,90 metros que permite acceder a la mayoría de aparcamientos subterráneos. Es, en esencia, un vehículo que combina lógica profesional y confort turístico.
El movimiento no se limita al Zafira. El nuevo 2.2 también aterriza en el Opel Vivaro, tanto en versión Combi como en variantes comerciales, con potencias de hasta 180 CV y alternativas de 150 CV asociadas a cambio manual o automático. Es una decisión coherente: unificar la nueva generación diésel en la gama media-alta del segmento LCV y pasajeros, ofreciendo más par y mejor eficiencia en aplicaciones intensivas.
En el fondo, este lanzamiento refleja algo que en EspacioFurgo conocemos bien: el mercado real no se mueve solo por tendencias, sino por necesidades concretas. Hay clientes que necesitan autonomía extendida sin depender de puntos de carga, que priorizan repostajes rápidos y que trabajan con márgenes ajustados por kilómetro recorrido. Para ellos, el nuevo Zafira 2.2 Diésel no es un paso atrás, sino una actualización técnica alineada con la normativa actual y con una mejora tangible en consumo y emisiones respecto a los diésel precedentes.
El gran monovolumen de Opel vuelve así a sus raíces ruteras, pero con tecnología adaptada a 2026. Más par, mejor eficiencia, cambio automático de ocho marchas y la posibilidad de elegir entre diésel o eléctrico dentro de la misma carrocería. En un segmento donde la versatilidad manda, esa doble oferta puede ser, sencillamente, la jugada más inteligente.