Dos adultos durmiendo liberan alrededor de 0,6–0,8 L de agua en ocho horas entre respiración y transpiración. Si además cocinamos pasta o secamos ropa, el aire se satura y cualquier panel frío se convierte en “trampa” donde ese vapor se condensa. La buena noticia es que la física se puede domesticar: subir un poco la temperatura interna, romper puentes térmicos, interrumpir filtraciones de vapor hacia el metal, y renovar justo el aire necesario son soluciones que funcionan pero, ¿cómo aplicarlo?
Cómo se forma la condensación
El punto de rocío es la temperatura a la que el aire, con una determinada humedad relativa, empieza a soltar agua en forma de gotas sobre una superficie fría. Si estás a 18 °C dentro y la humedad ronda el 60 %, el punto de rocío está en torno a 10 °C. Todo lo que esté por debajo de esa temperatura —un nervio visto, una chapa sin aislar, el parabrisas— se mojará. Si sube la humedad al 80 %, el punto de rocío sube hacia 15 °C y el problema se dispara. Por eso microventilar, aunque parezca contraintuitivo, ayuda: baja la humedad interior y, con ella, el punto de rocío.
Dónde se acumula y por qué (mapa de puentes térmicos en una furgo)
Las chapas simples de paredes y techo, los nervios y montantes, los marcos de ventanas, el parabrisas y el suelo en zonas de contacto son los sospechosos habituales. Cualquier discontinuidad del aislamiento o tornillería que atraviese desde el interior a la chapa exterior hace de “puente”. Además, el aire caliente sube, se enfría en el techo y crea una película húmeda sobre claraboyas y esquinas. Si acercas colchones o paneles de madera a la chapa sin cámara de aire o sin aislamiento continuo, la humedad queda atrapada y el moho aparece en semanas.
Materiales que funcionan (y los que sólo funcionan “a veces”)
Para que una noche seca sea la norma, la envolvente tiene que resistir el frío y frenar el vapor. En furgos, lo que mejor resultado da es el aislante elastomérico de célula cerrada (Armaflex/Kaiflex y equivalentes) bien pegado y continuo, rematado con cinta de aluminio en juntas. En suelos, el XPS (poliestireno extruido) o el caucho de célula cerrada soportan bien compresión y humedad. El corcho funciona como “capa amable” y regulador higrotérmico en interiores, aunque aislando menos que el XPS a igualdad de espesor. Las mantas de burbuja aluminizada (Reflectix y similares) no aíslan solas si van en contacto directo; necesitan cámara de aire para ser efectivas. Lana mineral y espumas abiertas absorben agua: si no hay control de vapor, se convierten en esponja.
Materiales orientativos (conductividad térmica y comportamiento frente al vapor)
| Material | Conductividad térmica λ (W/m·K) | Comportamiento frente al vapor | Dónde encaja mejor |
|---|---|---|---|
| Elastomérico célula cerrada 10–25 mm | 0,033–0,036 | Muy barrera (μ muy alto) | Paredes, techo, nervios (continuo) |
| XPS 20–30 mm | 0,032–0,035 | Muy barrera | Suelo, escalones, zonas de carga |
| Corcho 6–10 mm | 0,040–0,045 | Regulador (admite humedad limitada) | Revestimientos interiores, toques cálidos |
| Burbuja aluminizada | — | Barrerra radiante con cámara de aire | Tras paneles, parabrisas con ventosas |
| Lanas/espumas abiertas | 0,035–0,040 | Higroscópicas | Sólo con control de vapor impecable |
Clave de montaje: continuidad. Un gran material mal interrumpido por diez puentes térmicos rinde peor que un material correcto bien continuo.
Rutina “anti‑condensación” para una noche a −5 °C
Llega con el habitáculo templado (media hora de calefacción en ruta). Coloca aislantes en parabrisas y ventanas, baja una cortina térmica que separe cabina y vivienda y deja dos puntos de microventilación abiertos 2–3 mm en lados opuestos. Ajusta la consigna de la calefacción a 17–18 °C y evita el encendido/apagado constante: los ciclos largos secan mejor el aire. Evita secar dentro las prendas muy mojadas; si no queda otra, concéntralas en una zona ventilada con bandeja para recoger goteos. Cocina con tapa y ventila dos minutos extra al terminar. Antes de dormir, separa colchón de la pared exterior y deja que el aire circule. Por la mañana, abre durante cinco minutos para renovar y pasa un paño seco por las zonas donde veas gotas; cada gramo que quitas no vuelve al aire.
Cocinar, ducharse y secar equipo: cuánto vapor añaden
Hervir un litro de agua “libera” en torno a 1 L de vapor al ambiente si no hay tapa ni extracción; una ducha corta aporta cientos de gramos; secar guantes y botas de esquí dentro puede sumar 0,2–0,4 L en una noche. El remedio es simple: tapa siempre que puedas, extrae o abre un punto alto durante la cocción y, si vas a ducharte dentro, programa calefacción y ventila con la puerta del baño cerrada para que el aire húmedo se vaya arriba y fuera.
Ventanas, claraboyas y parabrisas: tratamiento diferenciado
Las superficies acristaladas son los puntos más fríos. En ruta, usa la ventilación del vehículo para desempañar. En pernocta, recurre a aislantes multicapa bien ajustados; el parabrisas siempre agradece una capa interior y, si hay hielo, una exterior para no “bajar” tanto de temperatura. En claraboyas, una doble cúpula y un aro con rotura de puente térmico reducen goteos. Si se forman “ríos” por el perímetro, una canaleta discreta evita que el agua caiga sobre muebles.
Barrera de vapor
El enfoque “estanco” consiste en colocar una barrera de vapor al lado cálido del aislamiento para impedir que el vapor llegue a la chapa fría. Funciona si eres impecable con la continuidad y los sellados. El enfoque “hígrico” acepta que algo de humedad entrará y apuesta por materiales que la almacenan y devuelven después sin dañar la chapa (maderas tratadas, corcho) junto a una ventilación bien pensada. En una furgo, la solución realista suele ser híbrida: barrera o semibarrera en techo y paredes expuestas, y revestimientos interiores que amortigüen picos.
Calefacción y condensación: trabajar a favor, no en contra
Una calefacción bien canalizada evita rincones fríos. Si el termostato está demasiado cerca de una salida, cortará pronto y dejará zonas mojadas. Reubica la sonda o abre una salida lejana para alargar el ciclo. No intentes “secar” con un convector eléctrico a inversor: además de gastar la batería, calienta el aire pero no las superficies, y cuando se para, el vapor vuelve a caer. La diésel estacionaria (o el gas con buena instalación) mantiene mejor los ciclos largos que secan el ambiente y templar superficies.
Moho: cómo evitarlo y cómo actuar si ya ha salido
El moho necesita humedad persistente y sombra. Evítalo manteniendo circulación de aire detrás de muebles y colchones, sellando filtraciones y secando rápido las gotas visibles. Si aparece, actúa en dos fases: primero, seca y ventila; después, limpia. Para superficies lavables, funcionan soluciones específicas anti‑moho o una dilución de lejía aplicada con cuidado (nunca mezcles productos). En madera vista, prueba antes en zona oculta y valora peróxido de hidrógeno al 3 % para no decolorar. La limpieza sin corregir la causa sólo disfraza el problema.
Errores habituales que empeoran la noche
Dormir con todas las entradas de aire cerradas “para que no se escape el calor”, secar prendas empapadas sin extraer, retirar el aislante del parabrisas para “ver la luna”, pegar paneles de madera directamente a la chapa, o sustituir un elastomérico de 19 mm por un “multicapa” fino sin cámara. La lista es larga, pero la idea es corta: cada decisión que sube la humedad o enfría una superficie por debajo del punto de rocío, te acerca a la ducha interior.
Plan de mejora por orden de impacto
Si hoy tienes condensación y presupuesto limitado, empieza por lo que más rinde: aislante elastomérico continuo en paredes y techo, aislante interior de parabrisas y ventanas, cortina térmica entre cabina y vivienda, reubicar sonda o abrir una salida lejana para ciclos largos, y rutina de microventilación. Después, aborda suelo con XPS y remates de puentes térmicos en nervios y marcos. Finaliza con detalles: canaletas discretas, rejillas con rotura térmica y revestimientos que regulen.
Preguntas y respuestas
¿Microventilar no enfría la furgo y empeora el consumo? Si lo haces con dos aberturas pequeñas en extremos opuestos y la calefacción en ciclo largo, el aire se renueva sin “tirar” el calor. Bajarás la humedad y, por tanto, el punto de rocío, que es la manera inteligente de combatir la condensación.
¿Sirven los deshumidificadores de sales? Ayudan en espacios pequeños y cerrados o cuando dejas la furgo aparcada días, pero no sustituyen a la ventilación bajo ocupación. Úsalos como apoyo, no como solución principal.
¿Cuánto aislamiento necesito para notar el cambio? Más que un espesor concreto, importa la continuidad. Con 10–19 mm de elastomérico bien colocado y sin puentes evidentes, el salto de confort es clarísimo; pasar a 25 mm suma, pero sin continuidad el resultado se diluye.
¿Qué hago con las gotas del amanecer? Recógelas con un paño seco y ventila cinco minutos. Ese agua no volverá al aire y evitas que se filtre a juntas o madera.
¿Puedo usar lana de roca porque aísla mucho? Aislar, aísla, pero si entra vapor y se moja será un reservorio de humedad junto a la chapa. En vivienda fija tiene sentido con barreras perfectas; en furgos, salvo montaje muy profesional, da más problemas que soluciones.
Una furgo sin condensación no es una furgo “climatizada al límite”, sino una furgo equilibrada: aislamiento continuo, calor estable, aire renovado y hábitos con sentido. Con ese sistema, el invierno deja de ser una lucha contra el agua en los cristales y pasa a ser lo que debería: una noche tranquila, seca y cálida después de un buen día de viaje.