Cuando bajan las temperaturas, la autonomía eléctrica deja de ser una cifra redonda y pasa a ser un sistema donde todo se conecta: química de la batería, manera de cargar, secciones de cable, pérdidas en reguladores e inversores y, sobre todo, hábitos de uso (calefacción, iluminación, nevera, electrónica). En verano, los errores se perdonan; en invierno, no. Por eso, queremos darte método para elegir bien entre baterías AGM y LFP, instalarlas con criterio, interpretar lo que te dicen los instrumentos y predecir cuántas horas reales tienes… sin sorpresas.

AGM vs LFP en frío: más que una etiqueta

La AGM (plomo-ácido con separador de fibra de vidrio) es una veterana fiable que brilla por su robustez: tolera cargas a temperaturas bajo cero si el cargador compensa el voltaje por temperatura y, como pesa, amortigua picos de consumo bastante bien. Su talón de Aquiles es doble: capacidad útil limitada si quieres que dure (conviene no usar más del 50 % de la capacidad nominal) y una resistencia interna mayor y que, en noches frías, deja caer la tensión antes de tiempo cuando llega un pico (arranque de calefacción, compresor…). Esa caída engaña a muchos: el voltímetro marca 11,6 V y parece que «se acabó», cuando en realidad lo que falta es sección de cable o la batería va muy descargada y está pidiendo una recarga parcial.

La LFP (litio-ferrofosfato) ha cambiado el juego por densidad de energía útil, tensión plana durante la descarga y ciclos. En invierno, sin embargo, concentra su riesgo en la carga: no se debe cargar por debajo de 0 °C salvo que el propio sistema precaliente la batería. Si fuerzas carga en frío intenso se produce el fenómeno denominado  plateado de litio, es decir, los iones que se depositan metálicos en el ánodo y reducen la capacidad… de forma irreversible. En descarga, la LFP rinde mejor que la AGM a igual temperatura. Esto no se resuelve con un «no pasa nada», sino con sensores correctos y una estrategia de uso, como precalentar en ruta o colocar las baterías dentro del envolvente térmico de la vivienda.

Como regla práctica de capacidad útil, ahí va esta fórmula: calcula 50 % utilizable en AGM y 80–90 % en LFP para dimensionar noches sin enchufe. Si vas justo, la química no te salvará, sino que lo hará el margen que tengas

Qué hace el frío a la capacidad y a la tensión (y por qué lo notas al dormir)

A 25 °C todo parece fácil; a 0 °C las reacciones químicas son más lentas, sube la resistencia interna y baja la capacidad disponible. Ese efecto es más severo en AGM que en LFP, pero ambas lo sufren. Observa la siguiente referencia orientativa (batería sana, descarga moderada):

Capacidad disponible vs temperatura 

Química +25 °C 0 °C −10 °C −20 °C
AGM 100 % ~85 % ~65–70 % ~55–60 %
LFP 100 % ~95 % ~85–90 % ~75–80 %

Esta merma explica por qué una AGM de 200 Ah que «duraba dos noches» en primavera se queda corta en enero: sus 100 Ah útiles a 25 °C se convierten en 70–85 Ah reales a entre cero y diez grados bajo cero y, con cada arranque de calefacción, la tensión cae y hace saltar protecciones. En LFP, el voltaje se mantiene plano durante casi toda la descarga, lo que da una falsa sensación de seguridad si sólo miras el voltímetro. Con litio, la única lectura realmente útil se realiza a través de monitores que pueda dar un estado de capacidad realmente eficiente.

Voltaje en reposo (25 °C) 

SOC AGM (12 V) LFP (12,8 V nominal)
100 % 12,7–12,8 V 13,4–13,6 V
60 % ~12,3 V ~13,2 V
20 % ~11,9 V ~13,0 V

Tras esta tabla conviene recordar que en uso los voltajes varían por caída en cables y por picos de carga/descarga. Si a medianoche ves 11,4 V con calefacción arrancando, no asumas «batería muerta»: puede ser cable delgado, mala masa o fusible mal elegido. La solución no es limitar consumos, sino corregir instalación.

Cableado, fusibles y caídas de tensión: el enemigo invisible

Una batería excelente conectada con cable pobre rinde como una batería mediocre. A 12 V, cada milivoltio cuenta. Con tiradas de 3–5 m (ida y vuelta) y buscando una caída ≤ 3%, estas secciones funcionan:

Sección de cable (12 V) y fusible de referencia

Corriente Sección Fusible típico
30 A 10 mm² 40 A
50 A 16 mm² 70 A
80 A 25 mm² 100 A
120 A 35 mm² 150 A

No es capricho, es pura física. Menos sección equivale a más caída, más calor y más probabilidad de que el BMS que controla la batería corte por bajo voltaje justo cuando más necesitas la calefacción. Monta siempre el fusible a menos de 20 cm del positivo de la batería y usa terminales prensados con termorretráctil. Si mueves potencias altas o cableas largas distancias, piensa en 24 V para mitigar corrientes y convertir después a 12 V con un conversor de corriente.

De números a noches: presupuestar 24/48/72 h sin enchufe

Una noche típica invernal (10 h) gasta entre 15 y 50 Ah (180–600 Wh) dependiendo de tres factores: calefacción, nevera y iluminación/pequeños. La calefacción diésel consume combustible y poco eléctrico (0,5–2 A al mantener; picos al arrancar), la nevera a 12 V puede gastar 10–30 Ah/día en invierno y las luces LED bien gestionadas casi no cuentan… salvo que dejes el inversor encendido.

Con esas cifras, una AGM 200 Ah (alrededor de 100 Ah útiles y 1,2 kWh) cubre una noche larga o dos ligeras con margen; una LFP 200 Ah (160–180 Ah útiles, 2,0–2,3 kWh) cubre dos noches cómodas y puede rozar las 72 h con hábitos prudentes. Para reponer, piensa así: un conversor de corriente de 50 A entrega en ruta 0,6 kWh/h; tras 3 h de conducción recuperas una noche media. 

Errores que arruinan la autonomía (y cómo se evitan, de verdad)

El catálogo es conocido y, aun así, se repite:

  • Resistencias a 230 V (radiadores, hervidores, secadores) alimentadas por inversor: a 1–2 kW tu banco cae en minutos. La solución no es un inversor mayor: es no usarlas sin toma externa.
  • Inversor siempre encendido: sólo su consumo en vacío puede comerse la mitad de tu noche. Se enciende cuando hace falta y se apaga después.
  • Cableado fino y masas flojas: disparan cortes por bajo voltaje. Repite: sección, crimpado y tornillos.
  • Sin DC-DC en Euro 6: cargas mal y castigas alternador. Monta convertidor y limita corriente.
  • LFP sin protección de frío: si el BMS no corta o no precalienta, no cargues. No hay atajo.
  • AGM exprimida al 70–80 % noche tras noche: la matarás en pocos meses. Planifica para usar ≤ 50 %.
  • SOC estimado por voltaje en LFP: es una ilusión. Instala monitor de calidad

Cada uno de estos errores tiene un coste: o duermes peor, o acortas la vida del sistema, o te quedas a oscuras a mitad de temporada.

Plan de carga en ruta y en destino: cómo encaja todo

Un viaje invernal típico combina recuperación en ruta (alternador + DC-DC) con cargas lentas cuando hay oportunidad (230 V en área o camping). La secuencia que mejor funciona es esta: precalienta la vivienda antes de aparcar (la calefacción gasta poco y te «seca» la furgo), apaga inversor salvo uso puntual, monta modo noche (17–18 °C, microventilación cruzada, luces LED) y procura llegar a la cama con la carga a más del 40 %  si utilizas batería AGM o más del 25 % con LFP. Por la mañana, si vas a moverte, enciende la calefacción antes de arrancar para que el sistema no sufra un pico justo en frío.

Arquitectura y ubicación: dónde se gana (o se pierde) autonomía

Colocar el banco de baterípas dentro del envolvente térmico del habitáculo (y ventilado si es plomo) es media victoria: reduces el impacto del frío, acortas cables y proteges el equipo. En LFP para climas duros, prioriza módulos con BMS de calidad y calefacción interna o integra una manta térmica gobernada por el propio BMS. Reparte consumos  y deja un interruptor general accesible.

Estudios de caso (tres perfiles reales)

  • Pareja en L2H2, fines de semana a −2…+5 °C: LFP 150 Ah, DC-DC 40 A, solar 200 W. Consumos comedidos, calefacción diésel a 17,5 °C, nevera 12 V. Resultado: 48 h sin enchufe con conducción corta entre pernoctas.
  • Familia de cuatro en L3H2, −5 °C, dos noches fijas: AGM 2×120 Ah en paralelo (120 Ah útiles), DC-DC 30 A, sin solar. Con calefacción a 18 °C, nevera con buena ventilación, luces LED y sin inversor, la primera noche llega con margen y la segunda pide mover para recuperar.
  • Shuttle con caravana, −8 °C, 72 h: LFP 200–240 Ah, DC-DC 60–90 A, solar 300–400 W. Gestión en 24 V con conversión a 12 V para vivienda. Conducción diaria de 1–2 h para sostener 72 h de confort.

Checklist de compra/instalación 

Antes de invertir, responde a estas preguntas: ¿qué química y cuánta capacidad necesito para dos noches realistas?, ¿qué DC-DC admite mi alternador y mi banco?, ¿qué sección corresponde a mis corrientes y longitudes?, ¿qué monitor usaré para un SOC fiable?, ¿dónde ubicaré el banco para que no se congele?, ¿qué hábitos adoptaré (modo noche, inverter off, microventilación)? Lo que no esté respondido aquí se convierte en sorpresa después.

Preguntas y respuestas

  • ¿Cuánta batería necesito para 48 h en invierno? Con calefacción diésel, nevera 12 V e iluminación LED, una AGM 200 Ah o una LFP 150–200 Ah suelen bastar si cargas en ruta con DC-DC. Si además usas ordenador varias horas o cocinas con inducción (con toma externa no), necesitarás más capacidad o asumir recargas intermedias.
  • ¿El DC-DC es imprescindible en litio? En la práctica, sí, salvo en instalaciones muy antiguas. Con alternadores variables, el DC-DC evita picos que dañan alternador, da el perfil correcto y te asegura amperios incluso cuando el coche decide bajar tensión para ahorrar combustible.
  • ¿Puedo cargar LFP bajo cero “sólo un poco”? La respuesta honesta es no: el daño por plateado se produce sin avisar y suma a largo plazo. Espera a ≥ 0 °C o usa precalentamiento gestionado por BMS.
  • ¿Merece 24 V en una camper? Si vas a alimentar inversores de 1–2 kW o tiradas largas, : la corriente se reduce a la mitad por la misma potencia, el cable sufre menos y todo trabaja más fresco. Para usos ligeros, 12 V bien dimensionado es suficiente.
  • ¿Dos AGM pequeñas en paralelo o una grande? Mejor módulos iguales y lo más simétricos posible. En litio, prioriza packs idénticos pensados para paralelo; mezclar edades o marcas en plomo o litio trae desequilibrios.

Como conclusión, toma nota. En invierno no exigen los milagros; exige margen, método y orden. Con una batería bien elegida, un DC-DC dimensionado, cables que no caigan y hábitos simples (precalentar, microventilación, inversor apagado), una furgo normal sostiene 48–72 h sin enchufe a −5 °C sin convertir la noche en una ruleta. Menos fe ciega y más sistema. Sólo así se disfruta el frío.

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